
A veces pienso que la vida podría ser mucho más sencilla.
Nosotros la hacemos complicada.
A mí me gustaría que fuese menos compleja, pero perdería encanto.
Cuando tenía unos nueve años uno de mis hermanos me compró un libro de cuentos de Gianni Rodari. Hubo uno que me hizo pensar mucho. Se llama "Jaime de Cristal". Era la historia de un niño que nació transparente. Era como de cristal, pero no se rompía. Se podía ver cómo latía su corazón y se podían ver sus pensamientos. Eso quería decir que no podía decir mentiras ni guardar secretos. La gente sabía la respuesta a lo que le preguntaban antes de que contestase y todo el mundo se volvía amable a su lado. El cuento termina diciendo que la verdad puede ser tan luminosa como el día y tan terrible como un huracán.