viernes, 5 de septiembre de 2008

Inevitable


A veces pienso que la vida podría ser mucho más sencilla.

Nosotros la hacemos complicada.

A mí me gustaría que fuese menos compleja, pero perdería encanto.

domingo, 31 de agosto de 2008

Pandora

Cuando tenía unos nueve años uno de mis hermanos me compró un libro de cuentos de Gianni Rodari. Hubo uno que me hizo pensar mucho. Se llama "Jaime de Cristal". Era la historia de un niño que nació transparente. Era como de cristal, pero no se rompía. Se podía ver cómo latía su corazón y se podían ver sus pensamientos. Eso quería decir que no podía decir mentiras ni guardar secretos. La gente sabía la respuesta a lo que le preguntaban antes de que contestase y todo el mundo se volvía amable a su lado. El cuento termina diciendo que la verdad puede ser tan luminosa como el día y tan terrible como un huracán.

Ya por aquel entonces aquel cuento me chocó. Intenté imaginar qué pasaría si yo fuese de cristal. No me gustó nada la idea. Prefería las cosas como estaban, y la sola idea de ser transparente me parecía horrible.

A veces pienso que todos tenemos una caja de Pandora. En ella guardamos cosas que hemos hecho, visto, sentido o vivido y que no le diríamos a nadie. Esa idea me parece tan fascinante como inquietante. Todos tenemos secretos, cosas que no le contaríamos nunca a nadie.

Hace casi cuatro semanas que abrí mi caja de Pandora. De ella salió un secreto, el más oscuro de los que tengo. Era un secreto que me estaba haciendo mucho daño. Era el motivo por el cual me horrorizaba ser transparente y que los demás se enterasen. Ese secreto ya llevaba en mi cajita desde antes de leer el cuento. Para cuando lo leí empezaba a darme cuenta de que contarlo podía acarrear terribles consecuencias.

Me pregunto inevitablemente cómo habría sido mi vida si no lo hubiese guardado. Siempre deshecho la pregunta rápidamente, no tiene ningún sentido a estas alturas.

A veces no tiene importancia guardar ciertos secretos. Otras veces, sin embargo, no se debería. En ocaciones es difícil decidir qué secretos debemos guardar y cuales sería mejor contar. Supongo que intentamos hacerlo lo mejor posible, pero no siempre se consigue.

martes, 19 de agosto de 2008

De vuelta

Es la primera vez que paso más de un mes sin escribir. Hace ya tres semanas que estoy de vacaciones y supongo que al final me he tomado vacaciones de todo. Sin darme cuenta he ido desconectando y sin querer también he desconectado del blog. Me ha venido bien la desconexión total.

Estuve en la isla. Vaciones y reencuentros, no podía pedir más. Al volver siempre me dicen: "vienes distinta". No saben cuanto.

Volví a Madrid y me volví a ir para empezar una segunda etapa de vaciones. Es una etapa más fría en todos los sentidos, pero siempre me ha dado la sensación de que el frío del norte es cálido, se deja llevar.

Y ahora, de repente, me apetece escribir a todas horas. Señal inequívoca de que he descansado lo suficiente y de que he recargado las pilas. Además vuelvo con una novedad: una cuenta Twitter. No sé yo si durará, pero por el momento probaré.

jueves, 17 de julio de 2008

Vivir

Hace cuatro años me sentía estancada. No iba ni hacia delante ni hacia atrás. Parecía que todo era igual y que nada cambiada. Sólo las estaciones.

Hace unos dos años todo empezó a cambiar. No fueron cambios bruscos, sino graduales. Todo ocurrió como debía ocurrir y cuando debía ocurrir. Desde entonces mi vida ha sido muy distinta. No he vuelto a sentir que pierdo el tiempo ni esa sensación de estar pasando por la vida sin rozarla.

Ha habido y hay cosas muy buenas. Y ha habido y hay cosas muy malas. Pero pese a que los últimos meses no han sido especialmente fáciles, en el fondo siempre me he sentido viva. Tanto en los momentos buenos como en los malos siento las cosas de otra manera. A veces pienso en esa sensación como en una efervescencia. Se me acelera el corazón y se despliegan mil sensaciones dentro de mi, la mayoría muy nuevas. Río y lloro. Me emociono.

Mi tía dice que la vida se vive en círculos. Las cosas empiezan y acaban cada cierto tiempo. Ella dice que cada siete años se completa uno. Puede ser. Hay mucho que aprender de una persona que ha perdido a un marido y dos hijos. Sobre todo cuando la ves sonreír cada día, y ves como nunca ha perdido las ganas de vivir. Me encanta cuando dice que pese a todo siempre se ha sentido viva. Desde hace dos años sus palabras tienen más sentido que nunca.

Sentir para vivir y vivir para sentir.

lunes, 30 de junio de 2008

Feliz Aniversario

Hoy hace un año que empecé a escribir en este blog. No estaba segura de si duraría, ni de cómo sería, ni si iba a valer la pena. He escrito un poco de todo y poco a poco ha ido cogiendo forma. 366 días han dado para mucho.

Hace meses pensé dejar de escribir en él, pero es algo en lo que no he vuelto a pensar, ni siquiera en estas últimas tres semanas en las que no he escrito. Y es que cuanto más tiempo libre tengo, peor me organizo.

En este tiempo se ha convertido en una parte más de mí. Es como la familia, la pareja y los amigos. Está en los buenos y en los malos momentos.

Puede que lo que más me haya gustado haya sido compartir "Cosas" con quienes lo leeis. Aprovecho para daros las gracias por vuestros comentarios. No sería lo mismos sin ellos y sin vuestros blogs.

Feliz Cumpleblog.

sábado, 7 de junio de 2008

El fantasma de las fiestas pasadas

Cuando era pequeña esperaba con unas ganas horribles la llegada de junio. No era por el final de las clases, sino porque llegaban las fiestas del sitio donde vivo, y con ellas la feria.

Me volvía loca de ilusión. La música, el olor y las atracciones. Cada día salía un rato con mis padres y me montaba en un montón de cosas. He llegado a estar una hora y media con mi padre montada en los coches de choque. Nos encantaban.

Me compraban algodón de azúcar, que nunca me acababa, y ellos se compraban churros o almendras garrapiñadas. A veces también venían mis hermanos y se montaban conmigo en alguna cosilla en la que cupiesen.

Tres días de indescriptible felicidad.

Por aquel entonces las ferias se veían desde mi ventana. Cada año, el último día, me despedía de ellas antes de irme a la cama. Miraba por la ventana un poco triste y pensaba que ójala llegase pronto el próximo año.

Lo bueno era saber que siempre volvían.

miércoles, 4 de junio de 2008

Sin derecho


Tras la lluvia de las últimas semanas y con los dos últimos días de Sol, han llegado las hormigas voladoras, también llamadas aludas. Las he visto al llegar a casa, en el portal. Había cientos.

Si hubiese podido me habría comunicado con ellas para decirlas que huyesen, que volasen lejos de allí, hacia el parque al menos.

Cuando he vuelto por la tarde había habido una masacre. Ya no se movían y había restos de insecticida.

A mí no me gustaría tener la cocina llena de hormigas voladoras comiendo mi comida, pero tampoco me ha gustado ver esa imagen.

Si ya de por sí no abunda la consideración con animales más grandes, lo que hacemos con los pequeños son verdaderas matanzas.

Me hubiese gustado tener una flauta, como la del flautista de Hamelín.

Pero sobre todo me gustaría que hubiese una forma de ahuyentarlas sin tener que matarlas. Seguro que tiene que haber una forma.

Somos más grandes y quizá más fuertes, pero no siempre más inteligentes. El animal grande mata al pequeño, pero si no nos vamos a comer a las hormigas podríamos encontrar la forma de convivir con ellas.

Ellas también tienen derecho.