Hemos pasado días de frío, y ayer, de repente, hizo calor y mucho Sol. En algún momento de la mañana debió hacer aire y el día se llenó de luz. No quedaba contaminación, la había arrastrado, y cuando eso pasa en Madrid todo parece diferente. Es especialmente agradable cuando ocurre en un día de fin de semana.
Incluso la incorporación de la M-40 me pareció preciosa. El nuevo horizonte madrileño brillaba, y detrás, se podían ver las montañas de la sierra. Muy pocos días al año se tiene una visión así.
Me sentí tan bien que empecé a tener ideas para escribir. Y fue extraño porque cuanto mejor me siento menos ideas tengo. Hoy, un nuevo día lleno de luz, me ha apetecido escuchar a Leonard Cohen, Velvet Underground y Nico, normalmente reservados para los días de lluvia.
Me gusta esta luz y me gustaría que se quedase durante días, pero cambiará tarde o temprano. Así es como debe ser y así es como será. No me importa que cambie, me amoldaré. Ni luces pasadas ni luces futuras. Sólo la de hoy.